estela68
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La Presencia Eterna de Nuestros Ancestros
Existe un dìa en el calendario de cada año dedicado a recordar y honrar a aquellos seres queridos que dejaron este plano de existencia para continuar su viaje por otros senderos. Quizàs, habiten ahora una dimensiòn en donde la sabidurìa se manifiesta con mayor claridad y donde la ausencia de la materia permite al espìritu continuar su proceso de aprendizaje, crecimiento y depuraciòn.
Sin embargo, la verdad es que nuestros antepasados no necesitan una fecha especial para estar presentes en nuestras vidas. Ellos nos acompañan cada dìa, en cada instante y en cada aliento. Viven en nuestra memoria, en nuestros gestos, en nuestras decisiones y en la huella invisible que dejaron en nuestra forma de comprender el mundo. En el hilo de nuestra sangre llevamos tejido un legado de valores, experiencias y enseñanzas que nos corresponde honrar, preservar y evolucionar.
A menudo recordamos a la madre o al padre que ya no estàn fìsicamente, pero cuya voz continua orientàndonos en los momentos de incertidumbre. Recordamos al abuelo que nos regalaba una fruta con la sencillez de quien entrega amor sin esperar nada a cambio. Recordamos a la abuela que, con paciencia y sabidurìa, nos enseñaba el valor del orden, de la armonìa y de la paz interior. Tambièn recordamos a nuestra tìa cariñosa que mantenìa abiertas las puertas de su corazòn para ofrecernos apoyo, refugio y calor de hogar cuando màs lo necesitàbamos.
Y como no recordar a esa hermana menor que, con su mirada fresca y luminosa, nos invitaba a ser felices en el presente y a no complicarnos la existencia anticipando las amarguras de los acontecimientos que aùn no habìan llegado.
Cada uno de ellos deja una semilla en nuestro interior; algunas germinaron en forma de fortalezas, otras en aprendizajes que seguimos descubriendo con el paso de los años.
Benditos sean los consejos recibidos, la experiencia compartida y los actos de amor que muchas veces no fueron expresados con palabras, pero que permaneceràn silenciosamente guardados bajo el manto de la responsabilidad, el cuidado y la dedicaciòn hacia nosotros. Con frecuencia el amor de las generaciones pasadas no se manifestaba mediante grandes discursos, sino a travès de su esfuerzo cotidiano, sus sacrificios silenciosos y su permanente deseo de protegernos y guiarnos.
Por ello, elevamos nuestra gratitud hacia la herencia que recibimos de nuestros padres, abuelos y ancestros. Honramos sus buenos ejemplos, sus luchas y sus enseñanzas. Aquellos tiempos que parecìan interminables cuando los vivìamos son hoy tesoros convertidos en recuerdos. Y aunque quienes amamos hayan partido, su esencia permanece escondida en el perfume de las flores, en la sombra de los àrboles, en la quietud del amanecer y en cada acto de bondad que continua manifestàndose atravès de nosotros.
Quizàs la verdadera despedida no exista. Tal vez quienes partieron siguen caminando a nuestro lado de una forma diferente, habitando el espacio invisible del corazòn, donde el tiempo no destruye los vìnculos y donde el amor encuentra siempre la manera de permanecer. Mientras los recordemos con gratitud y permitamos que sus enseñanzas florezcan en nuestra vida, ellos seguiràn viviendo en nosotros y en las generaciones que vendràn despues.
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El poder y la dimensión humana
Desde los albores de la humanidad, el poder ha acompañado la historia de los seres humanos. No obstante, cuanto mayores son los recursos, las responsabilidades y la influencia sobre otros, màs difìcil resulta sostenerlo con equilibrio y sabidurìa.
Por ello, es fundamental que cada persona fortalezca su mundo interior y construya una salida, base ètica orientada al bien. Solo asì podrà evitar que el poder la aleje de su verdadera naturaleza humana.
La calidad de vida no depende unicamente de los logros materiales, sino tambièn de la capacidad de conservar la bondad, la empatìa y el respeto por la vida. El corazòn humano sigue siendo el nucleo de una existencia plena, capaz de valorar la creaciòn, honrar sus principios naturales y reconocer la obra y la voluntad de su Creador.
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Despertar
Despertar es ese instante en que la luz toca el espíritu y, de pronto, nace la gratitud por lo que somos en esencia. Pero no todos viven ese despertar: muchos permanecen fuera de la realidad profunda, como quien acepta una religión y sus dogmas sin cuestionar la verdadera naturaleza de la creación.
La creación está en lo simple y lo sagrado: la tierra madre que sostiene, el aire que nos da aliento, el fuego que transforma y ofrece calor, el agua que ninguna escuela ni sistema nos enseña a cuidar.
Se dice que se ama a Dios en templos, pero muchas veces ese amor nace del consuelo, del deseo de que una fuerza superior escuche nuestras súplicas. Sin embargo, pocas veces se ama a Dios respetando aquello que Él —o la mayor entidad creadora— nos otorgó para sobrevivir: la vida, la naturaleza, el equilibrio.
Quien ofrece culto a la vida y a la naturaleza suele ser juzgado como brujo, pagano o ateo. Se le desplaza, se le margina, aunque en la modernidad todo parezca aceptarse. Pero esa aceptación es superficial: no trae mensaje, ni conciencia, ni despertar para conservar nuestro paraíso, el universo que habitamos.
En el pasado quemaron a quienes se identificaban profundamente con la naturaleza. Luego la instituciones religiosas fuertes, aliadas con estructuras políticas tomaron el poder, apropiàndose de esos conocimientos; convirtièndolos en herramientas de control y dominio.
La libertad es ese despertar: esa actitud ante la creación, ese reconocimiento del regalo que el ser supremo nos entregó.
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El que Abre Camino
versión poética, inspirada en Brecht
No nace para el aplauso.
Camina sin escoltas, sin banderas que lo nombren.
Solo lleva en el pecho una inquietud que no lo deja dormir.
Ve la injusticia como una piedra en el alma
y sabe que callar sería aceptar que el mundo siga torcido.
Por eso se levanta, aunque tiemble, aunque duela.
Lucha porque no puede hacer otra cosa,
porque su conciencia lo empuja como un viento que no se detiene.
No espera recompensa:
quizá ni siquiera verá el amanecer que intenta abrir con sus manos.
Pero aun así avanza,
con la terquedad luminosa de quien cree que la dignidad es una tarea diaria,
y que cada gesto, por pequeño que sea,
abre una grieta en la oscuridad por donde puede entrar la esperanza.
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Entre Dos Mundos
No pertenezco a un solo lugar, y sin embargo, en ambos encuentro hogar. Donde nací me dio la voz que se atreve a decir, donde vivo me dio el silencio que aprende a comprender.
Y yo, entre ambas orillas, aprendí a ser puente, a ser raíz que viaja, a ser corazón que entiende dos lenguajes.
Vivir entre dos culturas no es dividirse, es multiplicarse. Es llevar en el pecho dos maneras de amar y descubrir que ninguna contradice a la otra.
Soy la suma de dos mundos que se miran a través de mí y encuentran un punto de encuentro.
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La Educaciòn
Educar no es llenar al individuo de reglas, sino ayudarle a conservar su libertad interior. Es acompañarlo para que escuche su propio juicio aun cuando la sociedad le hable con fuerza. Allí, en ese espacio íntimo donde piensa y siente por sí mismo, permanece su humanidad: la parte que nadie puede moldear sin su consentimiento. -
La Comunidad
Una comunidad alcanza su verdadera grandeza cuando sus leyes nacen de la voluntad de todos, y no de los intereses de unos pocos. Cuando cada persona puede participar y ser escuchada, la convivencia se vuelve más justa, y la libertad deja de ser un sueño para convertirse en una práctica diaria. -
Libertad
El ser nace libre, con una fuerza interior que le permite decidir y actuar. Con los años, el mundo intenta guiarlo por caminos que no siempre son suyos. Sin embargo, la libertad permanece dentro, silenciosa pero intacta. Cada decisión auténtica es un regreso a esa libertad original que nos acompaña desde el comienzo. -
Geografía del Alma
A veces somos volcán que despierta,
una fuerza antigua que asciende desde lo hondo
para recordarnos que también somos fuego,
que algo en nosotros todavía arde
aunque el mundo nos pida calma.
A veces somos lago,
un espejo que guarda silencios,
un territorio donde la luz se posa sin prisa
y el viento aprende a hablar bajito.
En esa quietud también hay verdad:
la que no necesita ruido para existir.
Somos hijos del maíz y del hielo,
de la tierra que alimenta
y del frío que disciplina.
Llevamos en la piel
la memoria de los que caminaron antes,
y en los huesos
la promesa de quienes vendrán después.
Somos abrazo que nace sin aviso,
como una flor que decide abrirse,
y somos también distancia respetuosa,
esa forma de amor que sabe esperar
sin exigir, sin romper,
sin pedir que el otro sea distinto.
Dentro de cada uno vive un territorio secreto:
una raíz que se hunde,
una herida que enseña,
una luz que insiste.
Y en ese territorio,
aunque cambien las estaciones,
seguimos siendo lo mismo:
un movimiento hacia la vida.
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La Vida en Dos Ritmos
Caminamos con un pie hundido en la tierra tibia, ese suelo que sabe doblar el tiempo como si fuera arcilla blanda.
El otro pie avanza por regiones donde los minutos tienen fronteras y los relojes son criaturas que vigilan el pulso del mundo.
Entre ambos reinos se extiende nuestra vida: un puente hecho de improvisaciones que nos rescatan y precisiones que nos sostienen, como dos corrientes que se entrelazan para que no perdamos el equilibrio.
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