enero 2026

  • El Sembrador del Equilibrio

    El Hombre de Maíz despierta en el corazón del amanecer, donde la luz primera toca la tierra y revela los hilos invisibles que unen a todos los seres. Su espíritu, tejido con los colores del maíz sagrado, recuerda el origen antiguo donde la humanidad fue moldeada con paciencia, canto y fuego.

    El avanza con pasos que no pertenecen al tiempo. Cada movimiento abre un círculo, cada gesto convoca una memoria. Su cuerpo es puente entre el cielo y la tierra, entre lo que fue sembrado y lo que aún está por nacer.

    Escucha el pulso del universo. En su pecho resuena el tambor primordial, y en sus manos florecen los caminos que guían a los pueblos hacia la armonía. Su andanza no es solo movimiento: es oración, es ofrenda, es la semilla que vuelve a germinar en cada generación.

    Cuando gira, el viento reconoce su nombre. Cuando se inclina, la tierra respira con él. Y cuando se eleva, las estrellas se abren como puertas antiguas que revelan el misterio de nuestra existencia compartida.

    El nos recuerda que somos parte de un tejido infinito, que cada vida es un grano luminoso en la milpa del universo, y que nuestro destino es danzar en equilibrio con todo lo que vive.

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  • Nuestro Día Consagrado a la Memoria.

    La casa grande aún respira,

    con las risas de niños amados que danzan en sus rincones,

    tejidas en los hilos invisibles del tiempo.

    Allí viven las historias vivas

    de bisabuelitos y abuelitos,

    de mi tía, de nuestra amada Madre

    cuya ternura nos abrazó como un manto sagrado.

    Los fines de semana eran fiesta de almas,

    y la mesa colmada de sabores que sabían a hogar,

    a sacrificio amoroso,

    a manos que cocinaban la unión.

    Cada gesto fue una ofrenda,

    cada entrega, un acto de fe.

    Las heroínas de nuestra sangre

    bordaron con voluntad y amor

    el lazo eterno de la familia.

    Hoy todos ellos habitan el mundo invisible,

    ese reino sutil donde el alma no muere,

    sino se transforma en luz,

    en pensamiento,

    en sol que fecunda el universo

    y revela sus tesoros secretos.

    Honor a los tatarabuelitos,

    a los bisabuelitos,

    a los abuelitos

    a mi tía

    a mi mamaita, a papá,

    y a nuestra hermanita

    que ahora son estrellas en nuestro cielo interior.

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  • “El Hombre de Maíz en la Danza del Cosmos”

    Contemplamos el universo en su danza eterna,

    envuelto en colores que nacen del misterio,

    en sus creaciones que respiran milagro,

    en la blancura pura de las ideas que duermen

    y despiertan con el amanecer pleno de la primavera.

    Escuchamos el canto primero de los pájaros,

    el movimiento sagrado de los animales del bosque,

    y en medio de ellos, el ser humano:

    el hombre de maíz, hijo de la tierra y del cielo.

    Desde este círculo de vida,

    elevamos nuestra petición al universo:

    que su brillo jamás se opaque

    por el desequilibrio del conocimiento,

    sino que, en el equilibrio de la verdadera sabiduría,

    sepamos reconocer lo que nutre, lo que sana, lo que construye.

    Que podamos crecer y evolucionar

    como seres de luz renacida,

    honrando a nuestro Creador y Formador,

    guardianes del maíz, de la vida y del espíritu.

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