amor
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La Vida…
La vida es un suspiro que se prolonga en la memoria, un eco que se incrusta en la hondonada de nuestras experiencias. El corazón, agitado y luminoso, se llena de amor y de alegría al reconocer en los rostros ajenos la autenticidad que nos sostiene. Hay una pureza en la mirada del otro, en ese ser que ama y entrega su vida por el simple privilegio de percibir el perfume de la amada primavera.
Somos retoños que brotan incluso en la alambrada del desengaño, del hastío y de la amargura. Pero también somos fruto: fruto que recoge los fantasmas del pasado, los abraza sin miedo y los transforma en amaneceres y atardeceres que nunca llegan tarde. Porque cada luz que renace en nosotros es una victoria íntima, un recordatorio de que la vida, aun herida, siempre encuentra un modo de florecer.
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El Sembrador del Equilibrio
El Hombre de Maíz despierta en el corazón del amanecer, donde la luz primera toca la tierra y revela los hilos invisibles que unen a todos los seres. Su espíritu, tejido con los colores del maíz sagrado, recuerda el origen antiguo donde la humanidad fue moldeada con paciencia, canto y fuego.
El avanza con pasos que no pertenecen al tiempo. Cada movimiento abre un círculo, cada gesto convoca una memoria. Su cuerpo es puente entre el cielo y la tierra, entre lo que fue sembrado y lo que aún está por nacer.
Escucha el pulso del universo. En su pecho resuena el tambor primordial, y en sus manos florecen los caminos que guían a los pueblos hacia la armonía. Su andanza no es solo movimiento: es oración, es ofrenda, es la semilla que vuelve a germinar en cada generación.
Cuando gira, el viento reconoce su nombre. Cuando se inclina, la tierra respira con él. Y cuando se eleva, las estrellas se abren como puertas antiguas que revelan el misterio de nuestra existencia compartida.
El nos recuerda que somos parte de un tejido infinito, que cada vida es un grano luminoso en la milpa del universo, y que nuestro destino es danzar en equilibrio con todo lo que vive.
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Nuestro Día Consagrado a la Memoria.
La casa grande aún respira,
con las risas de niños amados que danzan en sus rincones,
tejidas en los hilos invisibles del tiempo.
Allí viven las historias vivas
de bisabuelitos y abuelitos,
de mi tía, de nuestra amada Madre
cuya ternura nos abrazó como un manto sagrado.
Los fines de semana eran fiesta de almas,
y la mesa colmada de sabores que sabían a hogar,
a sacrificio amoroso,
a manos que cocinaban la unión.
Cada gesto fue una ofrenda,
cada entrega, un acto de fe.
Las heroínas de nuestra sangre
bordaron con voluntad y amor
el lazo eterno de la familia.
Hoy todos ellos habitan el mundo invisible,
ese reino sutil donde el alma no muere,
sino se transforma en luz,
en pensamiento,
en sol que fecunda el universo
y revela sus tesoros secretos.
Honor a los tatarabuelitos,
a los bisabuelitos,
a los abuelitos
a mi tía
a mi mamaita, a papá,
y a nuestra hermanita
que ahora son estrellas en nuestro cielo interior.
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Sabidurìa
En el sacro resplandor del alba divina, resuena la voz ancestral en mi corazón, ecos de esperanza, amor y vida genuina, del combate eterno por nuestra razón.
Heredamos la sabiduría de los creadores, artífices de la luz y la sombra eterna, libre albedrío y balanza de valores, un legado que nuestras acciones gobierna.
¡Que subsistan por siempre los seres vivientes, raíces profundas del vasto equilibrio natural! ¡Que se esparzan y celebren, bajo cielos ardientes, el regalo eterno del espíritu vital!
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Lluvia
Cristalinas bajan del corazòn del cielo perlas de llovisna
rodando como làgrimas sobre el rostro de la madre tierra
surgiendo armoniosamente la paz, calmando la sed de los campos
despertando canto de pàjaros felices, en agradecimiento de trinos
chispas sus voces, en suavidad de viento, elemento blanco, puro
para darnos vida, arrullo, amor; cosecha sagrada musical.
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Esencia
La esencia, nuestro ser; es nuestro sentir comunicado con el pensamiento
con la palabra, con la fuerza de nuestros actos hacia el mundo externo
compartiendo ese deseo de poder ser, de poder expresar el sentimiento amor
hacia nuestro universo, creado por nuestros Dioses formadores.
En el corazon del percibir humano, sentir ese deseo eterno
de vivir, de seguir creando, transformando lo que nuestros padres nos han legado.
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Sueño
Un rayo de sol…
cadena de luz, en medio del corazòn
ilumina todo mi mundo
en la càpsula de mi tiempo
Siendo mi corazòn que da el ritmo a mi ser
al universo propio del yo y del todo
olvido los lamentos, cadenas de decepciones,
añoro el amor y el màs allà de una momentànea despedida.
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Derecho
El derecho es el grito del ser
del que quiere ser reconocido y amado
con toda su excelencia humana,
en la explosiòn de amor y acciòn absoluta,
indivividual y de bienestar comùn.
Con el respeto mutuo estamos creando:
seguridad, convicciòn, imparcialidad, soltura:
EL DERECHO.










