La Vida…

La vida es un suspiro que se prolonga en la memoria, un eco que se incrusta en la hondonada de nuestras experiencias. El corazón, agitado y luminoso, se llena de amor y de alegría al reconocer en los rostros ajenos la autenticidad que nos sostiene. Hay una pureza en la mirada del otro, en ese ser que ama y entrega su vida por el simple privilegio de percibir el perfume de la amada primavera.
Somos retoños que brotan incluso en la alambrada del desengaño, del hastío y de la amargura. Pero también somos fruto: fruto que recoge los fantasmas del pasado, los abraza sin miedo y los transforma en amaneceres y atardeceres que nunca llegan tarde. Porque cada luz que renace en nosotros es una victoria íntima, un recordatorio de que la vida, aun herida, siempre encuentra un modo de florecer.
