tierra
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“Identidad originaria: Raíces que Resisten”
Somos la semilla viva de un origen que sostiene una identidad fuerte y presente. Sin embargo, esa identidad se ve alterada cuando entra en contacto con las formas de pensar del mundo moderno. Nuestra verdadera fortaleza permanece intacta porque somos hijos naturales de la Madre Tierra y seguimos alimentándonos del cordón umbilical que nos une a su sabiduría y a su equilibrio.
El modernismo, en su afán de clasificar y explicar lo que no comprende, etiqueta a los pueblos originarios como vulnerables. Y en ese proceso, muchas personas de nuestras comunidades se confunden: mezclan valores ancestrales con valores impuestos por la necesidad de sobrevivir en un sistema ajeno. Esa mezcla no siempre impulsa un crecimiento espiritual; a veces genera desorientación y pérdida de sentido.
Lo primero que hace el modernismo es separarnos, dividirnos, excluirnos. Aun así, seguimos siendo el movimiento más antiguo y más firme en la conservación de este planeta. Somos quienes recuerdan que la vida se sostiene en la relación sagrada con la naturaleza.
Tenemos despertar. Tenemos conocimiento. Somos riqueza mental, creatividad, desarrollo, cultura, lengua, independencia y libertad. Somos la memoria viva de la Tierra y también su futuro.
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El Sembrador del Equilibrio
El Hombre de Maíz despierta en el corazón del amanecer, donde la luz primera toca la tierra y revela los hilos invisibles que unen a todos los seres. Su espíritu, tejido con los colores del maíz sagrado, recuerda el origen antiguo donde la humanidad fue moldeada con paciencia, canto y fuego.
El avanza con pasos que no pertenecen al tiempo. Cada movimiento abre un círculo, cada gesto convoca una memoria. Su cuerpo es puente entre el cielo y la tierra, entre lo que fue sembrado y lo que aún está por nacer.
Escucha el pulso del universo. En su pecho resuena el tambor primordial, y en sus manos florecen los caminos que guían a los pueblos hacia la armonía. Su andanza no es solo movimiento: es oración, es ofrenda, es la semilla que vuelve a germinar en cada generación.
Cuando gira, el viento reconoce su nombre. Cuando se inclina, la tierra respira con él. Y cuando se eleva, las estrellas se abren como puertas antiguas que revelan el misterio de nuestra existencia compartida.
El nos recuerda que somos parte de un tejido infinito, que cada vida es un grano luminoso en la milpa del universo, y que nuestro destino es danzar en equilibrio con todo lo que vive.
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“El Hombre de Maíz en la Danza del Cosmos”
Contemplamos el universo en su danza eterna,
envuelto en colores que nacen del misterio,
en sus creaciones que respiran milagro,
en la blancura pura de las ideas que duermen
y despiertan con el amanecer pleno de la primavera.
Escuchamos el canto primero de los pájaros,
el movimiento sagrado de los animales del bosque,
y en medio de ellos, el ser humano:
el hombre de maíz, hijo de la tierra y del cielo.
Desde este círculo de vida,
elevamos nuestra petición al universo:
que su brillo jamás se opaque
por el desequilibrio del conocimiento,
sino que, en el equilibrio de la verdadera sabiduría,
sepamos reconocer lo que nutre, lo que sana, lo que construye.
Que podamos crecer y evolucionar
como seres de luz renacida,
honrando a nuestro Creador y Formador,
guardianes del maíz, de la vida y del espíritu.
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A tì Madre Tierra
A ti, Madre Tierra, mi gratitud eterna.
Portadora de vida, nutres la germinación de la semilla en el cálido corazón de tu vientre amoroso.
Anhelas la lluvia que despierta la luz de la existencia,
y envuelves por completo nuestro ser,
ofreciendo el sagrado alimento al inextinguible y eterno hombre de maíz. -
Q`uq`umatz, Quetzalcoatl
Nombrada y reconocida como la serpiente emplumada. Creadora del mundo y de la humanidad.
Diosa de los vientos y la lluvia. También el poder reproductivo de la tierra (fertilidad).
Es un eje central que hace posible el enlace, entre el mundo espiritual y fìsico. Como el cambio para resurgir, para reaparecer.
Por lo tanto es la protectora de nuestro universo, de la vida. Haciendo posible la apertura a nuevas visiones.
Es sabidurìa y conocimiento.
LA MUJER MAYA LA USA COMO TOCADO
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La Esencia de Dios en Todos los Seres
Autor invitado: Eckhart Tolle
Todo lo que existe tiene ser, tiene esencia de Dios, tiene un grado de conciencia.
Incluso una piedra tiene conciencia elemental; de lo contrario, no existiría y sus átomos y moléculas se disolverían. Todo está vivo. El sol, la tierra, las plantas, los animales, las personas, todos son expresiones de conciencia en diferentes grados, conciencia que se manifiesta como forma.
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Nuestro Pueblo
Nuestro pueblo nunca se dispersarà. Su destino se cumplirà en la calamidad, que vendrà en un momento desconocido. Siempre habrà un un lugar seguro sobre la tierra donde vivamos. (Popol Vuh)
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Popol Wuj
Autor invitado: Sam Colop (introducciòn)
El Popol Wuj es el libro que contiene la mitologìa y la historia del pueblo K’iche’, hasta la llegada de los españoles en el siglo XVI, cuando se cuenta la ejecuciòn de los Señores principales OXIB KEJ y BELEJEB TZ’I’. Este libro fuè transcrito en sìmbolos latinos, conforme a Recinos, entre los años 1554-58.
El antecedente de este manuscrito solo pudo ser un texto geroglìfico que la segunda generaciòn de los Señores llegò adquirir a la «orilla del mar», es decir, CHICHÈN ITZÀ, donde el Señor NAKXIT les otorgò toda la parafernalia de poder, incluida «LA ESCRITURA DE TULÀN».
Seguramente no era el texto completo del POPOL WUJ, porque la parte històrica todavìa estaba ocurriendo, pero sì la parte mitològica que para esa època ya existìa o estaba siendo dibujada en vasos y otros artefactos como algunos pasajes que se encuentran escritos en aquel libro. Uno de los ejemplos es el ataque en contra de WUKUB KAK`IX, quien es derribado del àrbol de nance o «àrbol del mundo» en otra versiòn pintada en un vaso del perìodo clàsico.
La versiòn original del POPOL WUJ debiò de tener una forma como los libros «antiguos», es decir jeroglìfica o pictogràfica y esto lo reconocen algunos de los traductores y estudiosos de aquel manuscrito.
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Creaciòn
En los diseños que muestran las manos creativas de güipiles y telas, hay un ordenamiento inteligente, culto, prudente y juicioso. Alcanzando su espacio estètico noble; transmitiendo vitalidad espiritual.
Un diseño comúnmente usado es el cuadrado, cuya forma representa los cuatro puntos cardinales, los cuatro elementos, las cuatro esquinas del mundo, la cruz maya. Ademàs de equilibrio y balance.
La enseñanza de esta forma geométrica nos recuerda el fuego, centro de nuestro hogar que es asì mismo núcleo, corazòn, mundo. Lugar afortunado del fuego; personificando la unidad familiar.
El fuego destella su luz a los que lo rodean, su consecuencia es descubrir nuestra luz propia, compartirla, aprendiendo uno del otro, sobre nuestras diferencias, siendo la unidad parte del todo.
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El Humano Nuevo
El hombre nuevo que nace del equilibrio de las energìas, con la voluntad del aprendizaje; llena su ser, apreciando plantas, flores, animales.
Amando concientemente la riqueza de esta creaciòn:
Montes, valles, lagos, rìos, montañas y cerros. Nuestro hogar, nuestra comunidad, nuestro camino, nuestro entorno. Pues la interacciòn con los otros seres, otorga la paz, la alegrìa de vivir y la salud fìsica y mental.
Somos colectivamente uno solo en el seno de la madre tierra.
No debemos intoxicar ese yo, para alimentar el todo y redescubrir la maravilla del tejido de nuestro creador.










