lago
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Geografía del Alma
A veces somos volcán que despierta,
una fuerza antigua que asciende desde lo hondo
para recordarnos que también somos fuego,
que algo en nosotros todavía arde
aunque el mundo nos pida calma.
A veces somos lago,
un espejo que guarda silencios,
un territorio donde la luz se posa sin prisa
y el viento aprende a hablar bajito.
En esa quietud también hay verdad:
la que no necesita ruido para existir.
Somos hijos del maíz y del hielo,
de la tierra que alimenta
y del frío que disciplina.
Llevamos en la piel
la memoria de los que caminaron antes,
y en los huesos
la promesa de quienes vendrán después.
Somos abrazo que nace sin aviso,
como una flor que decide abrirse,
y somos también distancia respetuosa,
esa forma de amor que sabe esperar
sin exigir, sin romper,
sin pedir que el otro sea distinto.
Dentro de cada uno vive un territorio secreto:
una raíz que se hunde,
una herida que enseña,
una luz que insiste.
Y en ese territorio,
aunque cambien las estaciones,
seguimos siendo lo mismo:
un movimiento hacia la vida.

