Despertar

Despertar es ese instante en que la luz toca el espíritu y, de pronto, nace la gratitud por lo que somos en esencia. Pero no todos viven ese despertar: muchos permanecen fuera de la realidad profunda, como quien acepta una religión y sus dogmas sin cuestionar la verdadera naturaleza de la creación.
La creación está en lo simple y lo sagrado: la tierra madre que sostiene, el aire que nos da aliento, el fuego que transforma y ofrece calor, el agua que ninguna escuela ni sistema nos enseña a cuidar.
Se dice que se ama a Dios en templos, pero muchas veces ese amor nace del consuelo, del deseo de que una fuerza superior escuche nuestras súplicas. Sin embargo, pocas veces se ama a Dios respetando aquello que Él —o la mayor entidad creadora— nos otorgó para sobrevivir: la vida, la naturaleza, el equilibrio.
Quien ofrece culto a la vida y a la naturaleza suele ser juzgado como brujo, pagano o ateo. Se le desplaza, se le margina, aunque en la modernidad todo parezca aceptarse. Pero esa aceptación es superficial: no trae mensaje, ni conciencia, ni despertar para conservar nuestro paraíso, el universo que habitamos.
En el pasado quemaron a quienes se identificaban profundamente con la naturaleza. Luego la instituciones religiosas fuertes, aliadas con estructuras políticas tomaron el poder, apropiàndose de esos conocimientos; convirtièndolos en herramientas de control y dominio.
La libertad es ese despertar: esa actitud ante la creación, ese reconocimiento del regalo que el ser supremo nos entregó.
