Somos Río: Fluir es Liberarse

Somos Río: Fluir es Liberarse

Todas llevamos dentro una parte que tiembla y otra que despierta.

La que tiembla es humana: se confunde, se aferra,

se equivoca, cree que amar es aguantar, cree que callar es proteger,

cree que perderse es un destino.

La que despierta es antigua: viene de nuestras madres,

de nuestras abuelas, de todas las mujeres que un día dijeron “hasta aquí”

aunque nadie las escuchara.

Somos hijas de ambas. De la fragilidad que nos hace humanas

y de la fuerza que nos hace libres.

No hay vergüenza en caer.

La vergüenza sería no levantarse.

No hay culpa en haber amado demasiado.

La culpa sería dejar de amarnos a nosotras mismas.

La debilidad humana no es un defecto:

Es el punto exacto donde empieza la transformación.

Es el lugar donde la mujer se mira, se reconoce,

y decide que su vida también merece espacio, aire, luz.

La liberación no llega como un grito.

Llega como un susurro: “yo también importo”.

Y cuando una mujer se lo cree, aunque sea en silencio,

aunque sea tarde, aunque sea cansada, algo en el mundo cambia.

Porque la libertad de una mujer no es solo suya:

Abre camino, ensancha la vida, rompe cadenas invisibles

que otras ya no tendrán que cargar.

Somos humanas, sí. Pero también somos río:

Siempre encontramos por dónde seguir.

Y en ese fluir, en ese aprender, en ese volver a nosotras mismas,

está la verdadera liberación.

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