El Regreso del Alma a Sí Misma

Cuando se experimenta un acto de retorno,
no es el mundo el que cambia,
sino la mirada interior que vuelve a abrirse.
Esa sensación de ser comprendido no proviene de afuera:
Es el alma reconociendo su propio pulso, como si escuchara de nuevo la voz antigua que siempre la habitó.
Es un regreso a la raíz, a la verdad que nunca se apagó, al espíritu que permanece intacto más allá del tiempo y de los nombres.
Y esa oleada de alivio, esa claridad que se enciende sin prisa,
es la memoria profunda —la de todos los linajes—
posando una mano suave sobre el hombro interior y recordando:
Sigue. Tu camino aún guarda flores que esperan tu paso.
